Microbasurales: una problemática que expone la falta de conciencia y de políticas profundas

La acumulación de residuos en barrios y caminos rurales vuelve a poner en agenda un conflicto que se repite desde hace años. Productores y vecinos advierten que no alcanza con limpiar ni con multar: reclaman estrategias integrales que apunten a la educación, la logística y una planificación acorde al crecimiento de la ciudad.

La problemática de los microbasurales en Rafaela dejó de ser un fenómeno aislado para convertirse en una postal reiterada que atraviesa barrios, sectores periurbanos y caminos rurales. Lo que en el ejido urbano genera reclamos vecinales y respuestas rápidas del municipio, en la periferia se transforma en focos de basura crónicos, visibles y cada vez más difíciles de erradicar.

Las imágenes a las que tuvo acceso Diario CASTELLANOS dan cuenta de estas situaciones en distintos puntos de los caminos rurales —entre ellos el sector ubicado al norte del Autódromo Ciudad de Rafaela; sobre calle Brasil, entre el camino 27 del tránsito pesado y el camino 28, límite con barrio Italia—, lo que ineludiblemente muestran una escena ya reiterativa con bolsas de residuos domiciliarios, restos de poda, neumáticos, chapas, escombros y todo tipo de desechos arrojados de manera deliberada en banquinas y zonas arboladas.

Se trata de una situación que dialogan directamente con lo que ocurre dentro de la ciudad. En barrio Italia, por tomar un ejemplo concreto, la vecinal viene denunciando desde hace tiempo la aparición constante de microbasurales en distintos puntos, pese a contar con recolección diaria y una intervención municipal rápida, las respuestas parecen no alcanzar. Fuera de toda discusión, estas postales urbanas dejan una conclusión inquietante y es que si el problema persiste donde hay servicios y controles, el impacto se multiplica allí donde la vigilancia es menor y el descarte se vuelve invisible, como sucede puntualmente en los sectores periurbanos o rurales.

«No queremos ser el basural del fondo»

Desde Productores Unidos de Rafaela, la preocupación por el avance de la basura en los caminos rurales no es nueva. Así lo expresaron Daniela Zbrun y Atilio Chiaraviglio en diálogo con Diario CASTELLANOS, quienes aseguraron que el tema se viene trabajando desde hace varios años. «Queremos pasar a ser el jardín del frente y no el basural del fondo», sintetizó Zbrun, al describir la realidad de los sectores rurales lindantes a la ciudad.

Según explicó, en los caminos se encuentra «de todo», desde residuos domiciliarios hasta restos de obra, ropa, juguetes y también aquello que muchos no consideran basura, como hojas y restos verdes que terminan en zanjas y canales, generando obstrucciones y nuevos inconvenientes. «Se limpia, pero se vuelve a tirar. Es un circuito de nunca acabar y el municipio gasta tiempo, dinero y recursos en algo que podría evitarse», advirtió.

Una ciudad que crece, con respuestas que no alcanzan

Por su parte, Atilio Chiaraviglio fue aún más crítico y planteó una mirada estructural sobre el problema. «Hace 40 o 50 años que lo padezco. Siempre la respuesta es ‘la gente tira’, pero gente somos todos, también quienes ocupan cargos públicos», señaló.

El productor remarcó que Rafaela creció en extensión y población, pero las políticas de recolección y disposición final no acompañaron ese crecimiento. «La ciudad se agranda y seguimos con la misma cantidad de camiones, los mismos recorridos y un presupuesto que siempre trata de ahorrar. Así, la municipalidad no alcanza a juntar toda la basura», cuestionó.

Esa falencia termina trasladando el problema hacia la periferia. «Uno recorre los alrededores de la ciudad y es terrible. Toda esa basura que no se junta termina en los sectores periurbanos y rurales. Yo vivo cerca de la ciudad y me tiran basura hasta en la entrada de mi casa», relató.

Multas, controles y un sistema que no funciona

Si bien existen sanciones para quienes arrojan residuos fuera de los lugares habilitados, Chiaraviglio puso en duda la efectividad de una estrategia basada solo en multas. «Muchas veces se pone el cartel de ‘severas multas’ y la basura aparece al pie del poste. La amenaza no alcanza», afirmó.

Además, señaló un punto sensible: los costos asociados al descarte formal. Camiones, contenedores y volquetes deben pagar aranceles para ingresar al Complejo Ambiental, lo que en muchos casos incentiva el descarte ilegal. «Estamos acostumbrados a zafar y a esquivar la ordenanza», resumió.

A esto se suma otro factor poco visible: los camiones que trasladan residuos sin cubrir adecuadamente su carga. «Ninguno va tapado y la basura se va volando por los caminos rurales y la ruta. El camino al complejo ambiental está minado de bolsas», advirtió, marcando una responsabilidad que excede al vecino común.

Falta de opciones y de educación ambiental

Desde Productores Unidos también apuntaron a la necesidad de repensar la infraestructura disponible. Los horarios limitados de los Eco Puntos, especialmente los fines de semana, aparecen como un obstáculo concreto. «La gente hace limpieza los sábados o domingos, llega con la basura y encuentra el lugar cerrado. No vuelve a su casa: la tira en un camino rural cercano», explicó Chiaraviglio.

En ese sentido, comparó la situación con otras ciudades donde existen contenedores móviles, campanas de reciclaje o mayor cantidad de cestos en la vía pública. «Hoy caminás por avenidas centrales y no encontrás dónde tirar un papel. Después nos preguntamos por qué la basura termina en cualquier lado», reflexionó.

Un problema ambiental que exige un cambio de enfoque

El impacto no es solo visual. Daniela Zbrun relató haber visto nidos de pájaros armados con bolsas de nylon, una imagen que grafica el daño ambiental que provoca la acumulación de residuos. «El daño es para los animales, para el suelo, para todos», remarcó.

Frente a este escenario, el consenso entre vecinos y productores es claro: limpiar y sancionar no alcanza. La problemática de los microbasurales en Rafaela requiere políticas profundas, sostenidas en el tiempo, que combinen educación ambiental, inversión en infraestructura, logística acorde al crecimiento urbano y controles reales.

Mientras tanto, la basura sigue apareciendo en los mismos lugares, recordando que el verdadero desafío no es levantar los residuos, sino cambiar conductas y asumir, de una vez por todas, que el cuidado del ambiente es una responsabilidad colectiva.

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