No tengo boca y debo gritar: el fin de todo según Harlan Ellison

​»No tengo boca y debo gritar». La pesadilla que Harlan Ellison imaginó en 1967 parece hoy menos un relato de terror y más una crónica anticipada de nuestra relación con la tecnología. En la columna de hoy, partimos de la figura de AM, esa supercomputadora sádica que mantiene cautivos a los últimos humanos, para analizar un fenómeno mucho más sutil pero igual de profundo: nuestra creciente dependencia hacia la Inteligencia Artificial. A través de un recorrido que une la ciencia ficción especulativa con la realidad de nuestras tareas cotidianas, nos preguntamos si la comodidad de delegar nuestras decisiones, nuestra creatividad y hasta nuestro pensamiento a los algoritmos no nos está conduciendo a una nueva forma de parálisis. Exploramos ese nexo invisible donde la ficción dejó de ser una advertencia lejana para convertirse en un espejo de nuestra actualidad, cuestionando hasta qué punto las predicciones más oscuras del género están acertando al describir un futuro inminente donde el ser humano, rodeado de herramientas inteligentes, corre el riesgo de perder su propia voz. Un análisis sobre el control, la autonomía y el precio que estamos pagando por la eficiencia tecnológica.

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