La carrera por conquistar la Luna comenzó mucho antes que los motores de la NASA, gestándose primero en la imaginación de autores como Julio Verne y H.G. Wells, fascinados por conceptos como la exploración de los cosmos y la responsabilidad del hombre de ciencia ante las nuevas tecnologías.
En la columna de hoy analizamos cómo la literatura visionaria del siglo XIX sentó las bases para el cine de Georges Méliès y Fritz Lang, quienes transformaron la luna en un símbolo de aventura, creatividad y misticismo visual.
Con el inicio de la Guerra Fría, la gran pantalla se convirtió en un poderoso portador de ideología y el viaje espacial dejó de ser una fantasía para transformarse en un objetivo geopolítico. La ficción cinematográfica no solo acompañó los avances tecnológicos, sino que moldeó las expectativas de la opinión pública sobre el dominio del cosmos.
Hoy, la misión Artemis II reactiva esa narrativa bajo un nuevo contexto de tensiones internacionales y promesas de expansión interestelar. Esta columna vincula el legado cultural de los pioneros de la ciencia ficción con los intereses políticos actuales, examinando qué significa para la humanidad este nuevo capítulo en la ocupación del espacio.







