La ofensiva militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro desataron una inmediata y profunda reacción internacional, con un marcado contraste entre los gobiernos que condenaron la intervención y aquellos que la celebraron como un punto de quiebre político en la región.

Entre los primeros pronunciamientos de rechazo se destacaron Rusia, Irán y Cuba, aliados históricos del chavismo. Moscú calificó la acción como “profundamente preocupante y condenable”, al considerar que Washington optó por la fuerza militar en lugar de la diplomacia. Teherán denunció una “flagrante violación de la soberanía y la integridad territorial” de Venezuela, mientras que el presidente cubano Miguel Díaz-Canel habló directamente de “terrorismo de Estado” y llamó a una reacción de la comunidad internacional.
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En América Latina, varios gobiernos expresaron su preocupación por el uso de la fuerza. El presidente colombiano Gustavo Petro rechazó los bombardeos en Caracas, ordenó reforzar la seguridad en la frontera y pidió la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU. En la misma línea se pronunciaron los presidentes de Chile, Gabriel Boric, y de Uruguay, Yamandú Orsi, quienes condenaron la intervención militar y reclamaron una salida pacífica y multilateral a la crisis venezolana.
Brasil también expresó un fuerte rechazo. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva consideró que los ataques estadounidenses y la captura de Maduro constituyen una “afrenta gravísima” a la soberanía venezolana y advirtió que ponen en riesgo la estabilidad regional. Bolivia, a través del expresidente Evo Morales, repudió el operativo y manifestó su respaldo al pueblo venezolano.
España, por su parte, evitó un posicionamiento confrontativo, pero pidió desescalada y respeto al derecho internacional. El gobierno de Pedro Sánchez aseguró estar monitoreando la situación y ofreció sus “buenos oficios” para facilitar una solución negociada.
En el grupo de países que respaldaron la acción estadounidense se ubicó el presidente argentino Javier Milei, quien celebró públicamente la captura de Maduro. También se expresó a favor el mandatario ecuatoriano Daniel Noboa, quien afirmó que “a los criminales narcochavistas les llega su hora”, y el dirigente chileno José Antonio Kast, que calificó la detención como una “gran noticia para la región”.
Paraguay sostuvo una posición intermedia: celebró la caída del gobierno de Maduro, al que calificó de ilegítimo, pero llamó a priorizar vías democráticas y el bienestar de la población venezolana en esta etapa de transición.
Italia, a través de la primera ministra Giorgia Meloni, consideró que la operación puede interpretarse como una intervención defensiva legítima frente al narcotráfico, aunque aclaró que el cambio de gobiernos por vía militar no constituye una solución sostenible.







