Tras los excesos en los festejos de Rosario Central —con muñecas inflables arrojadas en alusión al rival— crecieron los repudios por su carga misógina y violenta, mientras el club quedó expuesto a posibles sanciones. La falta de reacción inmediata tanto del intendente como de la dirigencia alimenta las críticas y deja en evidencia un silencio que también incomoda.







