El cierre del Festival de Teatro de Rafaela y la importancia de las políticas culturales sostenidas

Durante toda esta semana, la comunidad rafaelina pudo disfrutar de una nueva edición del Festival de Teatro, en el marco de los festejos por sus 20 años de vida. A modo de cierre y balance de esta vigésima edición, desde CASTELLANOS, tuvimos la oportunidad de dialogar con Gustavo Mondino, referente del teatro en la ciudad y director del Festival; acerca de la importancia que implica el sostenimiento de las políticas culturales, sus alcances dentro de la construcción del imaginario colectivo de la ciudad; y los desafíos de cara al futuro.

Por Nicolás Bordón- En tiempos donde las políticas culturales parecen cada vez más sujetas a vaivenes coyunturales, recortes presupuestarios nacionales e inestabilidad de instituciones y entidades trabajadoras, Rafaela irrumpe ese escenario con la celebración de la vigésima edición del Festival de Teatro. En medio de este contexto inundado de incertidumbre, el Festival vuelve a demostrar la potencia de una verdadera política cultural de Estado, que trascendió gestiones y credos partidarios. El sostenimiento de este espacio no sólo es un acto de voluntad política, sino también una apuesta decidida por el acceso al arte, la democratización de la cultura y la construcción de ciudadanía.

Políticas de lo sensible: cuando la cultura se vuelve sustancia ciudadana

Pensar la Política Cultural no sólo como programación artística sino como proyecto sostenido de construcción ciudadana implica correrse de una visión instrumental de la cultura. En «Culturas híbridas» (1990), Néstor García Canclini advierte que las políticas culturales pueden funcionar como dispositivos de inclusión social y democratización simbólica, siempre que logren articular lo institucional con lo popular, lo tradicional con lo contemporáneo. Desde esta perspectiva, el Festival de Teatro de Rafaela no sólo ofrece acceso a bienes culturales sino que también produce sentidos, habilita experiencias compartidas y fortalece vínculos comunitarios.

El evento, sostenido durante veinte años a través de distintas gestiones políticas, funciona como un ejemplo concreto de lo que Pierre Bourdieu denominó en «La distinción» (1979) como «capital cultural institucionalizado»: un tipo de capital que, lejos de ser neutral, contribuye a definir qué prácticas son legítimas y qué voces son escuchadas. En este sentido, cuando ese capital se distribuye activamente en el territorio (en escuelas, plazas, barrios, comedores, centros culturales) deja de ser una herramienta de reproducción elitista y se transforma en una vía posible de redistribución simbólica. El Festival, al diversificar sus escenarios y públicos, pone en tensión las jerarquías tradicionales del campo cultural y abre espacio a otras formas de circulación del arte.

En un sentido más contemporáneo, George Yúdice en «El recurso de la cultura. Usos de la cultura en la era global» (2002), plantea que la cultura ha sido cada vez más utilizada como un instrumento de desarrollo urbano, inclusión social y marketing territorial. Aunque este enfoque puede vaciar de contenido político las prácticas culturales, Rafaela parece ofrecer un contramodelo; ya que aquí la cultura no es un recurso utilitario, sino una apuesta pública por la subjetividad, el encuentro y la memoria compartida. El Festival, sostenido en el tiempo, no es sólo un evento; es un ritual ciudadano que narra algo sobre quiénes somos y cómo queremos vivir juntos.

En esta misma línea, el filósofo Jacques Rancière, en «El reparto de lo sensible» (2000), subraya que la política ocurre también en la forma en que se configura lo visible y lo decible dentro de una comunidad. El arte (y por extensión, la política cultural) tiene la capacidad de redistribuir la sensibilidad social, de incluir lo que estaba excluido del campo de lo representable. Cuando el «Festival de Teatro» se expande al territorio, cuando llega a niños, jóvenes, adultos mayores; cuando irrumpe en lo cotidiano, está modificando el reparto de lo sensible en la ciudad.

Por último, cabe recordar que la cultura, como advierte Daniel Mato en Estudios y otras prácticas intelectuales latinoamericanas en cultura y poder (2002), también es un espacio de disputa. Disputa por los sentidos, por los modos de vida, por las memorias colectivas.

Sostener una política cultural como esta, en un contexto nacional de recortes y desfinanciamiento, es entonces un acto de resistencia simbólica que implica defender el derecho a imaginar, a crear y a emocionarse de manera compartida.

En suma, lo que está en juego en el sostenimiento del Festival de Teatro de Rafaela no es solamente su programación o su impacto en materia de industria cultural. Lo que se disputa es el lugar de la cultura en el proyecto de ciudad, la posibilidad de que el Estado acompañe procesos sensibles y la convicción de que el arte puede ser un modo de construir comunidad. Allí donde la cultura se hace política, el futuro se vuelve una escena posible.

La Plaza «25 de Mayo» fue el escenario donde la familia disfrutó del Programa territorial «Yo ví tu corazón» del Ministerio de Cultura de Santa Fe.

Un festival con raíces: la cultura como política de Estado

Desde una mirada profunda sobre los alcances de esta propuesta como política cultural, en el marco del cierre de esta vigésima edición, Gustavo Mondino se refirió a las imágenes y representaciones que se construyeron durante estos 20 años. En relación a ello, expresó: «En lo personal, llegar a estos 20 años del Festival me pone en perspectiva de pensarme como actor, como director, como persona que junto a un gran equipo, nos propusimos cumplir el sueño de tener nuestra propia sala de teatro, allá por el año 1997. Desde el centro cultural ‘La Máscara’, cuando se creó este festival lo miramos con mucha alegría y entusiasmo, y a su vez, entendimos que dependía del deseo y la voluntad política de que exista y continúe. Hoy, con veinte ediciones en nuestro haber, nos brota un agradecimiento enorme porque hemos crecido a la par, como festival y como comunidad. En este sentido, ver una construcción sostenida durante tanto tiempo, nos llena de orgullo y nos confirma que políticas como estas son indispensables para el fortalecimiento de los lazos sociales y la construcción de identidad ciudadana».

En relación a la importancia que detenta el sostenimiento de esta propuesta a través del tiempo, Mondino sostuvo: «Este es un festival que organiza la secretaria de educación y cultura de la Municipalidad de Rafaela, que durante este año ha sido reafirmado por el actual intendente Leonardo Viotti. A lo largo de estos 20 años han pasado tres intendentes distintos, Omar Perotti, Luis Castellano y Leonardo Viotti; y lo maravilloso es que todos ellos han sabido ver que este festival es un evento que trasciende las banderas políticas porque entiende que la cultura es un derecho que tenemos todos los ciudadanos. En un país donde lamentablemente estamos acostumbrados a que las nuevas gestiones destruyen lo realizado por las anteriores, en Rafaela podemos romper con esa inercia y disfrutar de propuestas culturales que siguen sumando público y relevancia artística. Creo que actualmente, este festival es un evento que tiene la potencia de un público fiel, que lo acompaña desde el principio. Esta sinergia existió desde el primer día. Recuerdo la Fiesta Nacional de Teatro del año 2004, que se consolidó como un éxito rotundo desde todos los aspectos, y de alguna manera dio lugar al interrogante de si era posible que los rafaelinos tengamos un festival así todos los años. Con la mirada de Marcelo Allasino, que en aquel entonces fue quien dio inicio a una visión sobre cómo armar un festival para la ciudad, dimos con un evento que la gente abrazó desde el principio. En ese imaginario de ciudad, hoy conviven dos generaciones que pudieron disfrutar del Festival y a su vez, formar parte de su gestión, producción y acompañamiento. El orgullo de participar de un Festival que muchos pudieron ver crecer, establece un diálogo entre espectador y participante; la posibilidad de seguir la evolución de distintos artistas a través de las diferentes ediciones; la consolidación de esta semana como un espacio de encuentro, de familia; entre otras cosas. Todos ellos, son aspectos que dan cuenta del poder de lo colectivo. Por todo ello, entiendo que el acompañamiento incondicional del público ha sido el elemento clave para renovar la decisión política de continuar con la programación, año tras año».

Por otro lado, en relación a los desafíos que implica desarrollar programas culturales en estos tiempos, Mondino argumentó: «Hoy en día, el desafío pasa por sostener los programas culturales de gobierno en cualquiera de los niveles del Estado; y esto se debe a los planteos de Nación de revisar, cuestionar y desfinanciar a los organismos que vienen trabajando desde hace años. La falta de diálogo para pensar como gestionamos la cultura, hace que los gobiernos locales tengan que definir el lugar que quieren seguir dándole en sus gestiones; haciendo grandes esfuerzos por sostener y hacer crecer los programas vigentes. Que nuestro festival siga en pie a pesar del retiro del apoyo que Nación supo sostener durante 18 años, habla por sí solo de estos esfuerzos que mencionaba antes».

Por último, a modo de anhelos para un futuro próximo, Mondino expresó: «Deseo que sigamos teniendo un festival hermoso, sensible y poderoso; que siga formando parte de la propuesta cultural de la ciudad; que siga siendo una cita ineludible del mes de julio y que nos siga encontrando en las salas y plazas. Más allá de todas las posibilidades de crecimiento que podríamos tener de cara al futuro, me parece importante marcar que siempre va a ser necesario que haya voluntad política para seguir imprimiendo recursos.

Esta es una condición indispensable para que el Festival siga siendo una propuesta amplia, popular, que disfrute toda la ciudad. Si bien los que somos del teatro vamos a seguir trabajando, abriendo nuestras salas y programando nuestros espectáculos todo el año; es importante entender que el Festival va más allá porque amplía la convocatoria de público, y llega a los distintos rincones de la ciudad. De ello se tratan las políticas culturales: garantizar el acceso a la cultura a todos los ciudadanos, entendiendo que propuestas como esta, ya pertenecen a todos los rafaelinos y rafaelinas».

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