La única fabricante argentina de máquinas dosificadoras de pintura aplicará un esquema de seis horas diarias para evitar despidos. Darío Bustos, titular de la firma, advirtió que la baja de aranceles y la presión impositiva dejan a las pymes “sin margen para competir”.

La pyme rafaelina TECMEC Sudamérica SA, dedicada desde hace 28 años a la fabricación de máquinas dosificadoras y agitadoras de pintura para los sectores arquitectónico, automotriz e industrial, atraviesa una de las situaciones más complejas de su historia. La empresa —de capitales italianos y españoles y única en el país en su rubro— anunció la reducción de la jornada laboral ante la caída sostenida de actividad y la pérdida de mercado frente a importaciones provenientes de China.
Darío Bustos, titular de la firma, confirmó que este lunes mantuvieron una reunión en la Secretaría de Trabajo para formalizar un esquema de reducción horaria por tres meses. La planta pasará de trabajar de lunes a jueves nueve horas y los viernes ocho, a una jornada uniforme de seis horas diarias de lunes a viernes. “Es muy triste comunicarle a tu plantel que va a haber reducción de la jornada laboral y que van a cobrar menos cuando ya el dinero no alcanza”, expresó en diálogo con Diario CASTELLANOS.
La empresa cuenta con ocho trabajadores —seis en producción y dos en administración— y, según explicó Bustos, la decisión busca evitar despidos en un contexto que calificó como “muy preocupante”. “No vemos repunte en la actividad económica y los precios chinos son muy difíciles de competir. El Gobierno bajó los aranceles todavía más, es mayor ayuda para el importado en perjuicio de la industria nacional”, afirmó.
El empresario cuestionó la política de apertura comercial impulsada por el Gobierno nacional y sostuvo que no hubo medidas de transición que preparen a la industria local para competir. “¿Querés abrir la economía? Bien, abrila. Pero primero hacé una reforma impositiva, bajá impuestos, bajá los intereses bancarios, generá créditos para reconversión industrial. Después abrí. Nada de eso pasó”, sostuvo.
En su análisis, el problema central no es exclusivamente laboral sino estructural: presión impositiva elevada, tasas de interés altas, caída del consumo interno y competencia externa con productos de bajo costo. “Las pymes no tenemos millones de dólares afuera ni adentro. Vivimos con reservas muy escasas. Esta situación nos está dejando sin margen”, advirtió.
Un escenario que se repite
El titular de TECMEC enmarcó su situación en un panorama provincial y nacional adverso. Afirmó que en Santa Fe ya cerraron cerca de 2.400 pymes y advirtió sobre el impacto que esto tendrá a futuro en empleo formal, aportes jubilatorios y sostenimiento del sistema previsional. “En el medio hay personas. Ese es el problema”, señaló.
También apuntó contra la falta de interlocución política: “No vemos que nos escuchen. Hemos planteado en encuestas de la UIA la necesidad de que alguien nos atienda. No creemos que quienes toman decisiones entiendan la problemática real de una pyme”.
La comparación con otros países fue parte de su crítica. “Estados Unidos protege su industria con aranceles. Acá se hace lo contrario. Ningún país abre todo sin reglas claras”, planteó.
En medio del conflicto, Bustos destacó el acompañamiento del sindicato y de la Secretaría de Trabajo provincial. El esquema de reducción horaria será presentado bajo un régimen especial por tres meses, con la posibilidad de revertirse si la actividad mejora. “El gremio nos entendió, nos acompaña. Eso es muy importante”, remarcó.
Mientras tanto, la empresa evalúa diversificar su producción para sostener el empleo. “El personal mismo propuso buscar otros rubros para complementar. Vamos a intentar hacer otras cosas con la maquinaria que tenemos”, adelantó.
Sin embargo, la incertidumbre persiste. “¿Quién nos asegura que en tres meses esto mejore? Nadie. Y una persona de 48 años que sale del sistema es muy difícil que vuelva a entrar. No es tan simple como pagar una indemnización”, reflexionó.
A casi tres décadas de su desembarco en Rafaela, TECMEC —una pequeña empresa de apenas ocho trabajadores pero única en el país en su especialidad— se encuentra hoy en una encrucijada que, según su titular, no es individual sino representativa del momento que atraviesan numerosas pymes industriales: apertura acelerada, costos internos elevados y un mercado interno en retracción.
“Nosotros no pedimos cerrar la economía. Pedimos reglas de juego claras y preparación. Así, es muy difícil sostener la industria nacional”, concluyó Bustos.







