Un estudio revela que el 61% de los argentinos redujo el consumo de productos con sellos negros. Mientras crece el debate por la posible derogación de la Ley de Etiquetado Frontal, una encuesta nacional volvió a poner sobre la mesa el impacto que tuvieron los octógonos negros en los hábitos de consumo de los argentinos.

El estudio, realizado por el Centro Nacional de Responsabilidad Social Empresarial y Capital Social (CENARSECS) de la Universidad de Buenos Aires (UBA), mostró que una amplia mayoría de la población reconoce los sellos de advertencia y que estos influyeron de manera directa en las decisiones de compra.
El dato que reabrió la discusión
Según la Encuesta Nacional 2025 sobre Consumo Responsable, Hábitos Sustentables y Capital Social, el 61% de los argentinos disminuyó el consumo de alimentos o bebidas que presentan sellos de advertencia en sus envases.
El porcentaje incluye tanto a quienes dejaron de consumir esos productos como a quienes optaron por reemplazarlos por alternativas consideradas más saludables.
El dato cobra especial relevancia en medio de la discusión impulsada por el Gobierno nacional para modificar o derogar la actual Ley de Etiquetado Frontal.
Los números de la encuesta
Los resultados del relevamiento reflejan un alto nivel de conocimiento sobre el sistema de etiquetado implementado en Argentina:
El 97% de los encuestados reconoce los octógonos negros.
El 94,5% afirma comprender qué significan.
El 79% realizó algún cambio en sus hábitos de compra a partir de la aparición de los sellos.
El 52% redujo o dejó de comprar productos con advertencias nutricionales.
El 61% disminuyó el consumo de alimentos o bebidas identificados con sellos.
Tres de cada cinco argentinos modificaron su conducta de consumo debido a esta información.
Los datos fueron recopilados durante un mes y reflejan uno de los primeros análisis nacionales sobre el impacto concreto de la medida en el comportamiento de los consumidores.
Qué establece la Ley de Etiquetado Frontal
La normativa vigente obliga a que alimentos y bebidas exhiban advertencias visibles cuando presentan exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales o calorías.
El objetivo es facilitar el acceso a información nutricional clara y permitir que los consumidores tomen decisiones más informadas al momento de comprar.
Desde su implementación, los octógonos negros se transformaron en una imagen habitual en las góndolas de supermercados y comercios de todo el país.
La postura del Gobierno
El Gobierno nacional impulsa modificaciones profundas en el sistema actual e incluso analiza la derogación completa de la ley.
Entre los argumentos oficiales se sostiene que el esquema vigente resulta demasiado simplificado, ya que clasifica a los productos únicamente entre aquellos que tienen sello y los que no lo tienen, sin contemplar mejoras graduales entre alimentos de una misma categoría.
Según esta mirada, sería necesario avanzar hacia modelos que aporten más información comparativa y técnica para los consumidores.
Un debate que excede a la política
Más allá de la discusión legislativa, los resultados de la encuesta muestran que el etiquetado frontal logró instalarse rápidamente entre los consumidores argentinos.
El alto nivel de reconocimiento de los sellos y los cambios declarados en los hábitos de compra sugieren que la herramienta tuvo un impacto concreto en las decisiones de consumo.
Ahora, mientras se discute el futuro de la normativa, la pregunta vuelve a estar sobre la mesa: ¿los octógonos modificaron realmente la forma en que los argentinos eligen qué comer? Para este estudio, la respuesta parece ser afirmativa.







