¿Se van los científicos de Argentina? El Gobierno lo niega y los datos abren otra discusión

El presidente del CONICET aseguró que es “falso” que los científicos estén abandonando masivamente el país y rechazó que exista un proceso de desfinanciamiento del sistema. Sin embargo, informes del CIICTI muestran una fuerte caída de la inversión y de los salarios del sector, mientras cientos de investigadores denuncian dificultades para continuar sus carreras.

La discusión sobre el presente y el futuro de la ciencia argentina volvió a ocupar el centro de la escena esta semana, luego de una nueva movilización de investigadores, docentes y becarios que reclamaron por el financiamiento del sistema científico y tecnológico.

En ese contexto, el presidente del CONICET, Daniel Salamone, aseguró en una entrevista publicada este jueves por Infobae que es “falso que los científicos se estén yendo del país” y rechazó la existencia de un proceso de desfinanciamiento del organismo desde el comienzo de la actual gestión.

Las declaraciones generaron una fuerte discusión dentro de la comunidad científica, especialmente porque coinciden con una serie de indicadores que muestran un deterioro de distintos componentes del sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Qué sostiene el presidente del CONICET

Salamone cuestionó la idea de que Argentina atraviese una fuga masiva de científicos y sostuvo que las estadísticas disponibles no permiten afirmar que exista un éxodo de investigadores.

El titular del CONICET también rechazó el concepto de “cientificidio”, utilizado por organizaciones del sector para describir las políticas implementadas desde diciembre de 2023.

La posición oficial plantea, en definitiva, que no existe un desmantelamiento del sistema científico argentino ni una salida masiva de investigadores al exterior.

Pero el debate no se limita a la cantidad de científicos que emigran. También involucra cuestiones como el poder adquisitivo de los salarios, el financiamiento de proyectos, las becas, el presupuesto de los organismos y las posibilidades de incorporación de nuevos investigadores.

Y allí aparecen datos que permiten observar otra parte del problema.

Los salarios del CONICET perdieron 40,5% de poder adquisitivo

Uno de los principales indicadores relevados por el Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CIICTI) es la evolución de los ingresos de los trabajadores científicos.

Según su último informe, los salarios de investigadores y los estipendios de becarios del CONICET acumulan una pérdida real del 40,5% desde noviembre de 2023, pese a una pequeña recuperación registrada durante junio de este año.

El mismo informe señala que los trabajadores del Sistema Nacional de Empleo Público perdieron 32,2% de su poder adquisitivo durante el mismo período, mientras que los docentes de universidades nacionales acumulan una caída del 22,2%.

Esto no demuestra por sí solo que un investigador haya abandonado el país, pero sí configura un deterioro concreto de las condiciones económicas en las que se desarrolla la actividad científica.

El financiamiento también cayó

Otro de los puntos centrales de la discusión es el presupuesto.

El CIICTI señala que la Función Ciencia y Técnica de la Administración Pública Nacional acumuló una caída real del 50,8% desde 2023 y proyectó para 2026 una participación cercana al 0,14% del PBI, un mínimo histórico para la serie iniciada en 1972.

El organismo también advierte sobre el deterioro presupuestario del propio CONICET. Según su análisis, el organismo acumularía una caída real del 42,2% en tres años, considerando las reducciones registradas desde 2024 y las proyecciones para 2026.

La situación tampoco se limita al CONICET. El ajuste alcanza a distintos organismos que integran el sistema científico y tecnológico nacional.

El problema de los proyectos de investigación

Una de las consecuencias señaladas por investigadores y organizaciones científicas es la dificultad para financiar proyectos.

El CIICTI advierte que las reducciones en las líneas de financiamiento y la desarticulación de fondos específicos provocaron una caída del 87,8% en el presupuesto de la Agencia I+D+i en dos años, según su análisis.

La importancia de este dato radica en que estos fondos son los que permiten sostener buena parte de la investigación científica mediante subsidios para proyectos, compra de insumos, equipamiento y otras necesidades de los grupos de investigación.

En otras palabras, el debate no pasa únicamente por cuánto cobra un investigador, sino también por qué recursos tiene disponible para investigar.

Los 374 becarios que quedaron en una situación incierta

Otro de los conflictos que atravesó al CONICET durante las últimas semanas fue el de 374 investigadores que tenían becas posdoctorales y aguardaban los resultados de una convocatoria para ingresar a la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico.

Según informó La Nación, los becarios solicitaron una prórroga para mantener sus contratos hasta que se conocieran los resultados de la convocatoria, pero las autoridades del organismo descartaron extenderlos por falta de presupuesto.

La situación generó preocupación porque muchos de esos investigadores se encuentran en una etapa avanzada de su formación y, sin continuidad laboral, algunos analizan abandonar la actividad científica o buscar oportunidades en otros países.

Este fenómeno tampoco equivale automáticamente a una “fuga de cerebros” estadísticamente comprobada, pero constituye uno de los factores que alimentan la preocupación del sector sobre la pérdida de recursos humanos formados por el sistema público argentino.

Dos diagnósticos sobre una misma realidad

El contraste, entonces, aparece entre dos maneras diferentes de medir la situación.

Por un lado, Salamone niega que exista una fuga masiva de científicos y rechaza la caracterización de un desmantelamiento del CONICET.

Por otro, los datos del CIICTI muestran caídas significativas en presupuesto, salarios y financiamiento de proyectos, mientras que situaciones como la de los 374 becarios posdoctorales ponen en discusión las posibilidades de continuidad de investigadores formados.

Ambas cuestiones pueden coexistir: que no exista evidencia suficiente para afirmar un éxodo masivo no significa que no haya un deterioro de las condiciones de investigación. Del mismo modo, una caída presupuestaria no permite, por sí sola, determinar cuántos científicos efectivamente emigraron.

Lo que sí muestran los indicadores disponibles es que el sistema científico argentino atraviesa un proceso de fuerte contracción presupuestaria y pérdida salarial, y que sus consecuencias sobre la continuidad de proyectos y carreras científicas son actualmente uno de los principales puntos de conflicto entre el Gobierno y la comunidad científica.

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