Una investigación realizada por especialistas de la Universidad de Buenos Aires reveló que el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años presenta algún nivel de vulnerabilidad social. El estudio también alerta sobre el crecimiento de los problemas de salud mental, la precarización laboral y las dificultades para acceder a oportunidades educativas y de empleo.

La realidad de los jóvenes argentinos atraviesa un escenario cada vez más complejo. Un informe elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA) señala que casi uno de cada dos jóvenes de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social, una situación marcada por la inestabilidad económica, la precariedad laboral y el deterioro de la salud mental.
El trabajo propone una «radiografía» de las condiciones de vida de este grupo etario y advierte sobre una combinación de factores que limitan las posibilidades de desarrollo personal y profesional de buena parte de la población joven.
Empleo precario y dificultades para proyectar el futuro
Uno de los principales hallazgos del estudio es el crecimiento de la informalidad laboral y de los empleos de baja calidad.
Según los investigadores, muchos jóvenes enfrentan trayectorias laborales inestables, con ingresos insuficientes y pocas posibilidades de acceder a empleos registrados, una realidad que dificulta la independencia económica y la planificación de proyectos de vida.
La salud mental, otro foco de preocupación
El informe también pone el foco en el aumento de los problemas de salud mental entre los jóvenes.
Los especialistas observaron una mayor presencia de síntomas vinculados con ansiedad, depresión, estrés e incertidumbre, asociados tanto a las dificultades económicas como a la falta de perspectivas de crecimiento personal y laboral.
Educación y desigualdad
Si bien la educación continúa siendo una herramienta fundamental para mejorar las oportunidades, el estudio advierte que persisten importantes desigualdades en el acceso y la permanencia dentro del sistema educativo.
Las diferencias socioeconómicas siguen condicionando las posibilidades de formación y de inserción laboral, especialmente entre quienes viven en contextos más vulnerables.
Un desafío para las políticas públicas
Los autores sostienen que los resultados reflejan la necesidad de fortalecer políticas públicas orientadas a la inclusión de las juventudes, promoviendo el acceso al empleo formal, la educación, la salud mental y espacios de acompañamiento que permitan reducir las brechas sociales.
Además, remarcan que comprender las múltiples dimensiones de la vulnerabilidad resulta clave para diseñar estrategias que respondan a las necesidades de una generación que enfrenta crecientes dificultades para construir un proyecto de vida estable.







